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22 junio 2026
Tres colegiados aportan su visión en un reportaje de El Correo sobre los desafíos del sector: empleabilidad, captación de talento y futuro de la profesión.
Imagen propiedad de El Correo. Alumnos de la Escuela de Ingeniería de la EHU realizando prácticas en un taller de mecánica. (Jordi Alemany).
En este reportaje se ha entrevistado a Begoña Vallejo, Vicedena del COIIB, Charles Pinto, Director de la Escuela de Ingeniería de Bilbao de la UPV/EHU y miembro de la Junta de Gobierno del COIIB y a Nerea Marrodán, colegiada, miembro de la Comisión Mujer Ingeniera del COIIB y Premio al Talento Emergente en la I Edición de los Premios Ingeniería e Industria de Bizkaia 2025, sobre los desafíos del sector: empleabilidad, captación de talento y futuro de la profesión.
A continuación se muestran el texto y las imágenes de la propia noticia.
Las universidades entregaron más de 1.900 títulos el curso pasado con una tasa de empleo del 100%.
Sergio Llamas.
Euskadi es una fábrica de ingenieros. Durante el pasado curso las tres universidades del ramo –EHU, Deusto y Mondragon– entregaron más de 1.900 títulos a estos profesionales, cada vez más demandados en todo el mundo y por el que compiten las empresas vascas. De ahí que el índice de colocación de estos profesionales roce el 100% con una inserción laboral en puestos muy cercanos a sus estudios, y sin que toda la demanda de trabajadores que reclama el mercado se cubra al completo.
La tradición vasca por la figura de los ingenieros está anclada en el pasado. La Escuela de Ingeniería de Bilbao presume de ser un año más antigua que el Athletic Club (nació en 1897) y desde sus inicios ha ido de la mano de la industria local. «Al principio los profesores eran parte de las empresas y la relación con ellas se ha mantenido», explica su director, Charles Pinto. Tanto es así que incluso la propia universidad acoge aulas-laboratorio financiadas por las compañías para promover iniciativas de I+D. «Ahí se plantean proyectos que suelen tener un carácter confidencial», detalla.
Este éxito ha ido a más. Facultades de ingeniería como la de Deusto han más que duplicado su tamaño en una década –de contar con 877 alumnos en 2016 han pasado a superar los 2.400–, fruto también de un aumento de especialidades. «La industria necesita ingenieros de equipos muy diversos», defiende el decano de la facultad de ingeniería en este centro, Andoni Eguiluz. En ella han surgido grados pioneros en robótica, ciencia de datos e inteligencia artificial, ingeniería biomédica, ingeniería matemática o ingeniería en diseño industrial, un fenómeno que también se ha replicado en otros centros como la EHU, que ya cuenta con 13 grados y 17 másteres, o en Mondragon Unibertsitatea, con una decena de titulaciones.
El crecimiento de profesionales se ha traducido en el número de ingenieros ocupados. Ya hay más de 36.000 profesionales contratados en Euskadi una cifra que se viene disparando durante los últimos años y que no apunta a dejar de aumentar. «La demanda es creciente y a pesar de toda la incertidumbre que nos rodea, se prevé que irá a más», explica la coordinadora de ingeniería de la escuela politécnica de Mondragon Unibertsitatea, Nekane Errasti, quien advierte que a este reto se le suma también el relevo generacional, con la inminente jubilación de muchos profesionales. «Ese invierno demográfico supone un temor para las empresas que quieren prepararse y seguir siendo competitivas», añade.
El momento es dulce para los profesionales, muy alejado de lo que han vivido en épocas como en la década de los 90 o la crisis de 2008, cuando había más titulados que puestos disponibles. «Hace años pasamos por una etapa en la que hubo bastantes despidos por falta de proyectos, pero la demanda en los últimos años es muy elevada», remarca la vicedecana del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Bizkaia (COIIB), Begoña Vallejo, quien señala que esto «responde claramente a ciclos económicos». Ahora, su valor en el mercado está claro. «Son puestos cotizados y además estamos percibiendo algunas situaciones que pueden jugar en contra: por un lado la competencia del sector público que ofrece horarios flexibles y condiciones atractivas que algunos trabajadores anteponen frente a la industria y jóvenes que ven oportunidades en otros países», advierte.
Este miedo a la fuga de talento no lo ven tan claro en Mondragon. «Según nuestros datos más del 80% de los ingenieros se quedaron en Euskadi, un 13% salieron al resto del Estado y el resto se movieron en torno a Europa y EEUU», explica Errasti. En lo que sí coinciden todos es la demanda que existe del perfil vasco. «Tenemos acuerdos de doble titulación con muchos países. Por ejemplo, una quincena de nuestros alumnos van a EE UU y todos acaban siempre entre los primeros de la promoción», subraya el director de la escuela de ingeniería de Bilbao.
La misma tesis apoyan en la Universidad de Deusto. «El profesional vasco está muy bien valorado fuera», admite Eguiluz, que tampoco ve ahora causas para una fuga de talento como sí se producía hace años. «Sí vemos gente que quiere tener una experiencia fuera antes de regresar y en algunas titulaciones digitales el teletrabajo hace que gente que vive aquí pueda trabajar para empresas del extranjero, pero notamos una reversión de este fenómeno y además las diputaciones están trabajando para favorecer su vuelta», sostiene.
No es lo único que apuntan. También aborda el tema salarial, ya que el tejido empresarial vasco está formado principalmente por pymes que tienen más difícil competir en sueldos con las grandes multinacionales asentadas fuera que buscan atraer talento vasco. «En general, hay que decir que las empresas vascas se han puesto las pilas », sostiene Eguiluz.
Esto también lo defienden las propias compañías. «Euskadi afronta una paradoja, ya que a pesar de contar con uno de los tejidos industriales más potentes de Europa y con un elevado nivel formativo, las empresas nos encontramos con dificultades para captar profesionales», señala el director de Personas de Sener, Mikel Zahíno. Por eso no dudan en trabajar estrategias de fidelización con mejoras en las condiciones de trabajo, «tanto salariales, como emocionales», apunta.
En IDOM, que solo en Euskadi ronda los 800 ingenieros contratados, la directora de Personas, Ana Zudaire, señala que esta situación lleva a las empresas no solo a estar presentes en las universidades –el modelo dual que combina la formación en las aulas y en las empresas está más que instaurado–, si no también en todas las ferias de empleo. «Solemos bromear diciendo que somos más las empresas que vamos a contratar que los chavales que acuden», reconoce. El motivo, que las compañías «estamos en crecimiento» y que «hay una escasez de profesionales». «También incorporamos talento senior, aunque cabe decir que los buenos ya están contratados y les cuesta moverse», señala.
Lo ven también en el sector energético. El director de Capital Humano de Ormazabal, Emmanuel Orio, prevé que la escasez de técnicos «continúe e incluso se intensifique en los próximos años, ya que la demanda sigue aumentando en un proceso de transición energética», algo que comparte Raquel Sánchez Muños, responsable de desarrollo de GES, que reconoce la «fuerte tensión que muestra el mercado laboral».
Esto choca con algunos de los retos que percibe el sector, una apuesta decidida por el talento junior que, a efectos prácticos, sale más barato. En COIIB han creado el programa Prometeo, precisamente para alargar la longevidad de los profesionales sénior facilitando su reingreso al empleo y poniendo en valor sus capacidades porque «creemos que se está desperdiciando», apunta Vallejo. Esto, apunta por otro lado Eguiluz, contradice otro fenómeno opuesto: el miedo a sustituir el talento joven por la IA. «Son tendencias que ahora no vemos aquí», tranquiliza.
La trayectoria para los ingenieros es buena, pero el arranque no es sencillo. La carrera es difícil y así lo reconocen en las tres universidades. Las tasas de abandono rondan desde el 23% en algunas carreras de la EHU, hasta el 15% en Deusto o el 10% que calculan en Mondragon. «Es necesario hacer un filtro porque la formación básica tiene que ser sólida. La escuela no regala el título, son los propios estudiantes los que se ganan el derecho a ejercer», explica Pinto. Hace años el reto era mayor. Vallejo recuerda que en su promoción «entraba mucha gente y nos quedábamos muy pocos». «La nota de entrada era baja, no había una barrera de entrada, pero es una carrera que requiere constancia y trabajo. Existía la fama de que te echaban el primer año si no aprobabas al menos una asignatura, y la gente se volvía loca para conseguirlo», detalla.
Por su parte, Eguiluz advierte que la ingeniería es «exigente» y así se lo aclaran a los alumnos desde la presentación. «Exige dedicación, esfuerzo y una tolerancia a la frustración», advierte. Errasti, por su parte, atribuye la mitad de los abandonos a gente que reorienta su vocación y la otra mitad a quienes realmente ven que se les está haciendo difícil. Ser ingeniero no es fácil, pero casi siempre garantiza el éxito. De hecho, basta ver los perfiles de los principales directivos vascos. La palabra ingeniero se repite en muchos currículums y centros como Deusto ofrecen un doble grado en ADE (Administración y Dirección de Empresas) más ingeniería en tecnologías industriales. «La carrera de ingeniería les estructura el pensamiento, les hace capaces de resolver problemas y no extraño que algunos luego hagan un MBA en gestión avanzada», coinciden en los tres centros formativos.
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